Cívicamente todos somos flores... rosas, cantutas, quizás otras.
A la 1:30 a.m. del sábado 18 de julio de 1992, diez personas fueron secuestradas de la Universidad Enrique Guzmán y Valle “La Cantuta”. Presuntos terroristas rastreados desde un año atrás por el Servicio de Inteligencia Nacional. Militares dementes e infiltrados efectuaron la irrupción. La intervención para efectos del secuestro la tuvo en sus manos el grupo “Colina” con el mayor Santiago Martín Rivas a la cabeza. La prensa y la ciudadanía presionaban por el paradero de los desaparecidos. Pero ya estaban en una situación deplorable, fueron llevados a una casa de seguridad de las afueras de Lima y ahí eliminados, descuartizados y quemados, pero en las fosas clandestinas de Huachipa y luego de Cieneguilla (halladas en Julio de 1993), los muertos no podían descansar. La justicia los llamaba. Los restos fueron exhumados, analizados por la antropología forense e identificados. Un profesor y 9 estudiantes. Hugo Muñoz Sánchez, Bertila Lozano Torres, Marcelino Rosales Cardenas, Roberto Teodoro Espinoza, Juan Mariños Figueroa, Luis Ortiz Pérez, Felipe Flores Chipana, Heráclides Pablo Meza, Armando Amaro Cóndor Torres y Dora Oyague Fierro.
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